Pintors Universals: Jan Davidz de Jeem
Hace 2 años
Winterbottom nos sorprendió con 24 hours party people, divertida historia de la Factory Records y el Manchester sound. 9 Songs fue decepcionante, al fin y al cabo insertar clips de canciones enteras de Franz Ferdinand es lo único que convence al público para quedarse en la sala. Con estos antecedentes no me cabe la más mínima duda que habrá buena banda sonora, que la hay, con un par de canciones de pop italiano muy interesantes. Por lo demás estamos ante una película que nos habla de la pérdida. El viaje a Génova surge por la necesidad de un nuevo comienzo, tras la muerte de la madre-esposa de la familia. La ciudad se muestra como un laberinto donde la famila tiene que reubicarse para seguir con sus vidas, un interesante planteamineto que se le queda algo soso.
El cartel y el trailer nos anuncian una cinta de terror, quizá de suspense. A mi modesto entender aquí hay otra peli como Cobardes, sobre niños, su crueldad, su capacidad de adaptación, la mala comunicación que existe entre los padres y la curiosidad que despierta el otro sexo, eso sí, más lenta, con más frío y con algo de vampirismo, aunque eso no me parece de todo mal.
Decepcionante película. Esperaba que fuera un thriller, más o menos bien armado, pero es otra de las innumerables películas en las que tiene que haber un final sorpresa con una sorpresa última incluida, ladrones que roban a ladrones, personajes grises que no son tan bobos, chicas que no son víctimas, pero que al final tienen un corazón noble. Lo mejor, que el final de la película transcurra en Madrid. Lo demás es prescindible.
El otro día una amigo un poco oso él me recomendaba esta serie. Y como valoro su opinión porque coincidimos en muchos de nuestros gustos, ahí que me planté en seriesyonquis.com a verla online porque no podía esperar a bajarla para ver la primera temporada entera, basada en una serie de libros escritos por Patricia Wadden, una escritora más de sagas realmente comerciales. Así que nos juntamos con un libro de éxito y un creador de series de más éxito todavía, Allan Ball es el escritor de American Beauty y de Two feet under (A dos metros bajo tierra).
Las historias de vampiros siempre me han gustado, aunque en mi adolescencia no existía esa preocupación comercial por lo que leen los jóvenes y nos quedábamos con las ñoñas colecciones de Alfaguara y con la ciencia ficción para adultos. Consumíamos por igual Momo y La historia interminable, las historias de Maria Gripe, con Michael Chrichton, Stephen King o Isaac Assimov. Ahora, como con todo, hay más variedad, pero lo que termina ocurriendo es que algunos libros se convierten en fenómenos a la moda, no sé si crea lectores. De entre las innumerables historias de vampiros que han surgido desde que a Bram Stocker se le ocurriera meter a un pobre humano en el castillo del Conde Drácula vemos una clara evolución y adaptación a nuestra manera de pensar y ver la sociedad en su conjunto: de ser unos perversos asesinos a los que hay que aniquilar, a que vivan en nuestra sociedad, camuflados, o que simplemente sean otra raza a la que hay que comprender, desde que sea una metáfora sobre el mal a una reflexión sobre lo aburrido que debe de ser inmortal. Twilight supone un regreso al amor imposible, a la parte amor romántico ñoño que heredamos el XIX, un amor libresco, soñado, imposible por alguna razón, a la que además se añade el mito del príncipe azul, el tipo que nos rescata, esa especie de superman que se aleja tanto de cualquier cosa que se parezca al amor real. Lo interesante de True Blood es que no se centra en la relación entre sus protagonista, una humana y un vampiro (la doncella y superman de nuevo, ya podía haber sido al revés) sino el contexto de crímenes en un pueblo sureño, donde no sólo hay vampiros, sino que la protagonista es telépata, hay hombres que cambian su forma, y algún que otro personaje extraño (me imagino que esa es la parte que le gusta al Oso, que haya más realidades ahí fuera aparte de las que conocemos, esa parte de magia muy a lo Gayman), todo mezclado con un humor negro que no sé si aparecerá en el libro es mano de Ball. Tampoco sé si la protagonista es así en el libro o es otro guiño de humor negro, desde luego, si nadie creía que Britney Spears fuera virgen, menos aún Ana Paquin, que más bien va por la serie como una niña tonta, calentorra, pero dando leches, eso sí.
De lo mejor, su banda sonora, blues sureño que me termina recordando a alguna historia de Lynch y algunos personajes, Jason Stakhouse, Laffayete o el soldado que acaba de llegar de Irak. De lo peor, su protagonista, que no hay quien la aguante y algunos problemas de verosimilitud: Laffayete trabaja por las mañanas en la obra, con el resto de los muchachos del pueblo, a la vez de cocinero en Marllote´s, a la vez está siempre en casa cuando su prima tiene problemas, maneja una página guarra de internet, trafica con drogas y se prostituye, no sé si todo en el mismo día o qué.
Y de su banda sonora os dejo con la canción de arranque. A mí me dan ganas de hacer algo malo también:
Con dos películas y una serie esta pareja ha conseguido ganarse todo mi respeto. En Cobardes se nos narra una historia de acoso escolar. Estamos habituados a las pelis yanquis en las que el bien se restablece después de una lección bien aprendida. Pero esto es un producto nacional, así que no hay animadoras ni equipo de fútbol americano, no hay profesor guay ni padres enrollados que te sacan de apuros, tampoco es una película de suspense en que los malos resluntan ser en realidad extraterrestres, eso se lo dejamos a los de allá. Aquí nos importan otros temas, con otros matices, la crueldad del ser humano, aprendida de nuestros mayores, heredada de los suyos, cómo asimilamos las estructuras de poder, cómo se valora el silencio, su peso, y cómo la víctima puede no serlo tanto.
Lo mejor, ese detalle de humor, en el que la respuesta, el desenlace, nos viene nada menos que de un mafioso italiano, nada menos moralizante. Y la canción con la que termina la película, una estupenda de Love of Lesbian, que acaban de sacar nuevo disco, y cuya letra puede resumir el argumento de la peli:
Un ejemplo claro de cómo la cotidianidad se puede reflejar en una peli sin caer en pedanterías, groserías ni feísmo. Me está gustando mucho la serie que han creado para RTVE, y no he podido resistirme a ver su ópera prima como realizadores. El elenco de actores es parecido, y la línea de trabajo también, algún momento de humor, algún momento más emotivo, nada de dramones de medio pelo. Y todo hecho con sencillez. Yo no le pido más al cine.
Para empezar la actriz protagonista no es santo de mi devoción, vaya, que la tengo cruzada así que haga lo que haga no me va a gustar. A partir de ahí han intentado hacer una peli intensa de estas en que se nos van mostrando las interioridades de una familia, lo que se quieren y los rencores escondidos, con una serie de personajes que no sé muy bien qué pretenden mostrar: la familia del novio es negra, y además músico, lo que me hace preguntar qué carajo hace liándose con una estudiante de psicología con una hermana yonqui, de clase media-alta de Connecticut, con amigos de todas partes del mundo, asiáticos, blancos, hawaianos (yonqui también) y además celebran una boda india-budista-civil. A mí me ha resultado la mar de verosímil, de verdad. Sobre todo porque como es una historia profunda lo mejor es desarrollar la boda al completo, con sus actuaciones musicales, y demás.
Quizá para hablar de las personas y de sus problemas no haya que ser tan folklórico, y simplemente hablar desde el corazón. Algo así como lo que hizo Robert Redford en Ordinary People, allá por el año 1980. A veces me da por pensar en que todo el dinero que se usa en una película se podría destinar en la investigación contra el cáncer... bueno, de algunas películas, claro.
Pruducida por Canal + y del director de La vida soñada de los ángeles, aunque esté rodada en inglés y en territorio USA creo que podemos decir que es una película muy francesa, de acción muy lenta y que se centra en la evolución de los personajes, porque la trama tampoco da para las dos horas largas que dura la película.
Julia es una alcohólica que no sé da cuenta del problema que tiene, todo lo atribuye a la mala suerte. Un buen día conoce a Elena, en una de las sesiones de AA a la que asiste sin ganas, que la cuenta de su hijo y su abuelo millonario, de cómo piensa recuperarlo. Julia hace suyo el plan, secuestra al niño y huye hacia México. Lo más acertado de la película es la actuación de su protagonista, y el final, tan abierto que no sabemos si de verdad se ha encariñado con el niño o si está tan loca como para seguir con el secuestro. Eso sí, se termina haciendo algo pesada, cuando ya tenemos el perfil de la mujer perfectamente marcado no sé si son necesarias que sean tan largas las escenas en México: vemos cómo sigue al gordo por las calles, cómo sigue a la vieja, cómo se despierta en el hotel por la noche.
Los ingleses también saben hacer películas para el sábado por la tarde. Tristemente ésta no da para más, un montaje previsible hace que el final no sea tan sorpresa como el director quisiera. Que tenga poco presupuesto no excusa un montaje tan malo que tenga que poner cartelitos para poder diferenciar las diferentes escenas que transcurren entre las chicas, porque, intuimos, se hayan rodado hasta en la misma tarde. Típica peli de ladrones en las que unos se roban a otros y al final nadie sabe quién ha robado a quien. O esa es la idea.
Arriesgada película del brasileño Fernando Meirelles, director de Ciudade de Deus, The Constant Gardener, también basadas en novelas. Una epidemia de ceguera blanca hace que se paralice una sociedad. Un resumen corto que esconde mucho más. Saramago nos presenta una fábula sobre lo que es realmente ver y, obvio, es una fábula que no podía quedar ajena al mundo del cine donde la visión se convierte en obsesión: desde Buñuel y su corte en el ojo como metáfora del surrealismo, Polanski y su pianista siendo testigo de la historia, más como observador que como protagonista, Hitchkock y su Ventana indiscreta, el ciego director de cine de Almodóvar o, en un tono más humoristico, director ciego que rueda como puede y termina siendo un éxito en Europa de Woody Allen.
Y me parece arriesgada porque lo que nos muestra Saramago es bastante desagradabe como para verlo, la condición del ser humano, su vileza, su mezquindad, lo que es capaz de descomponer, cómo sería capaz de destruirse así mismo. No sé qué me ha resultado más clautrofófico. si la novela o la película. Y aunque el tipo de lenguaje sea distinto y la novela merezca leerse por sí misma, la película no la desmerece nada. Es una adaptación a la altura.
Del director de Transpotting y 28 días nos llega esta historia mitad película de gángsters, de amor, denuncia social. Un joven es apresado antes de contestar la última pregunta en un concurso televisivo. La organización no se explica cómo puede saber todas las preguntas que se le plantean sin hacer trampas. Poco a poco el concursante explica cómo sabe las respuestas, vinculadas todas a un episodio de su vida: su infancia en una barriada de Bombay, su horfandad, su ingreso en una mafia de niños mendigos, la traición de su hermano... En un estructura bastante típica se nos presenta una película que engancha y no nos deja indiferentes sobre una sociedad que nos es bastante desconocida. Se plantea el dinero y las mujeres como las dos principales ulsiones del hombre, el destino el que rige nuestra suerte y un componente moralizante sobre la recompensa del que hace bien las cosas y la cruz de quien apuesta todo a un valor equivocado. Destaco el movimiento de cámara, el encuadre y la banda sonora.
Hay una especie de filtro, un techo de cristal, sobre las películas europeas que nos llegan. Alemanas se estrenan pocas, así que la que llega es interesante seguro. Y más si viene abalada por el Sundance. Y más conociendo mi debilidad por ver reflexiones políticas.