Normalmente me espero a que acabe la temproada pero creo que esta foto merecía un post. Ha comenzado la nueva temporada en showtime. No me la pienso perder.
Pintors Universals: Jan Davidz de Jeem
Hace 2 años
Estupenda serie de cinco temporadas que nos cuenta una visión global del tráfico de drogas en una ciudad media de Estados Unidos. Obviamente algunas cosas están edulcoradas y ficcionalizadas para sentir empatía con los personajes pero me ha gustado que no es una lucha entre los buenísimos polis que nos protegen y los malos traficantes que quieren destruir nuestra sociedad. Hay cierto determinismo social en todo el planteamiento: si naces en un gueto siendo negro tienes menos posibilidades de llevar una vida digna. Es triste que sea ese tipo de cosas las que se terminen importando, pero tristemente es lo que estamos viendo en la educación pública de la Comunidad de Madrid: la excasa inversión y el mucho interés en que los problemas educativos que puedan arrastrar los emigrantes se queden entre ellos y no se mezclen con los "nativos" (me imagino que no hace falta recordar que el tanto por cierto de integración que exige la Ley no se cumple ni en los colegios concertados ni en los privados).
Cada temporada se centra en un tema aunque mantiene a los mismos personajes su protagonismo va rotando, así que tampoco cae en una estructura cerrada de caso por resolver según cada temporada, y tampoco cae en la repetición de datos de un episodio a otro, que en algunas series termina por ser irritante.
El otro día una amigo un poco oso él me recomendaba esta serie. Y como valoro su opinión porque coincidimos en muchos de nuestros gustos, ahí que me planté en seriesyonquis.com a verla online porque no podía esperar a bajarla para ver la primera temporada entera, basada en una serie de libros escritos por Patricia Wadden, una escritora más de sagas realmente comerciales. Así que nos juntamos con un libro de éxito y un creador de series de más éxito todavía, Allan Ball es el escritor de American Beauty y de Two feet under (A dos metros bajo tierra).
Las historias de vampiros siempre me han gustado, aunque en mi adolescencia no existía esa preocupación comercial por lo que leen los jóvenes y nos quedábamos con las ñoñas colecciones de Alfaguara y con la ciencia ficción para adultos. Consumíamos por igual Momo y La historia interminable, las historias de Maria Gripe, con Michael Chrichton, Stephen King o Isaac Assimov. Ahora, como con todo, hay más variedad, pero lo que termina ocurriendo es que algunos libros se convierten en fenómenos a la moda, no sé si crea lectores. De entre las innumerables historias de vampiros que han surgido desde que a Bram Stocker se le ocurriera meter a un pobre humano en el castillo del Conde Drácula vemos una clara evolución y adaptación a nuestra manera de pensar y ver la sociedad en su conjunto: de ser unos perversos asesinos a los que hay que aniquilar, a que vivan en nuestra sociedad, camuflados, o que simplemente sean otra raza a la que hay que comprender, desde que sea una metáfora sobre el mal a una reflexión sobre lo aburrido que debe de ser inmortal. Twilight supone un regreso al amor imposible, a la parte amor romántico ñoño que heredamos el XIX, un amor libresco, soñado, imposible por alguna razón, a la que además se añade el mito del príncipe azul, el tipo que nos rescata, esa especie de superman que se aleja tanto de cualquier cosa que se parezca al amor real. Lo interesante de True Blood es que no se centra en la relación entre sus protagonista, una humana y un vampiro (la doncella y superman de nuevo, ya podía haber sido al revés) sino el contexto de crímenes en un pueblo sureño, donde no sólo hay vampiros, sino que la protagonista es telépata, hay hombres que cambian su forma, y algún que otro personaje extraño (me imagino que esa es la parte que le gusta al Oso, que haya más realidades ahí fuera aparte de las que conocemos, esa parte de magia muy a lo Gayman), todo mezclado con un humor negro que no sé si aparecerá en el libro es mano de Ball. Tampoco sé si la protagonista es así en el libro o es otro guiño de humor negro, desde luego, si nadie creía que Britney Spears fuera virgen, menos aún Ana Paquin, que más bien va por la serie como una niña tonta, calentorra, pero dando leches, eso sí.
De lo mejor, su banda sonora, blues sureño que me termina recordando a alguna historia de Lynch y algunos personajes, Jason Stakhouse, Laffayete o el soldado que acaba de llegar de Irak. De lo peor, su protagonista, que no hay quien la aguante y algunos problemas de verosimilitud: Laffayete trabaja por las mañanas en la obra, con el resto de los muchachos del pueblo, a la vez de cocinero en Marllote´s, a la vez está siempre en casa cuando su prima tiene problemas, maneja una página guarra de internet, trafica con drogas y se prostituye, no sé si todo en el mismo día o qué.
Y de su banda sonora os dejo con la canción de arranque. A mí me dan ganas de hacer algo malo también:
Cada día me gusta más este personaje, con un fino humor negro, una voz penetrante y una buena trama que se va desarrollando con cada capítulo. Si en la primera temporada descubríamos junto con él los primeros secretos, los que hacía que su mundo se tambalease, y con él sus creencias, en la segunda Déxter tomaba mayor control sobre su vida, en la tercera le vemos un personaje evolucionado, más maduro. No sé si los guionistas lo habrán hecho a posta, pero parece un tríptico: la familia, el amor, la amistad; la infancia, la adolescencia, la madurez. Cómo me gusta buscar tres pies al gato. Pero sobre todo lo que parece que estamos todos los seguidores de acuerdo es que el doblaje al español es una cagada, el mestizaje en la serie forma parte de su personalidad, no deja de transcurrir en Miami y muchos de los personajes son de origen cubano. Lo que quizá no se han dado cuenta es de que el personaje Miguel Prados tiene acento mejicano en la versión original, lo que caga un poco el royo del mestizaje porque pone en entre dicho que nos consideren a todos los hispanos por igual. También queda un poco raro que hagan a los actores hablar en español cuando se nota a la legua que no es su primera lengua, aunque sus rasgos físicos sean de hispanos.
De todas formas queda todo al margen viendo la serie. En esta temporada por fin Dexter parece encontrar un amigo con quien compartir su código, ya no el Código de Harry. Y junto con esa trama principal aparece otras laterales pero de igual magnitud, el caso del despellejador, sus relaciones personales, la historia de su hermana.
Por cierto, ¿alguien me sabría decir el nombre del actor que representa a Anton? No hay manera de encontrarlo y es esperable que continúe en la cuarta, que ya espero con impaciencia. ¿Descubrirá Debra los secretos de Déxter?
He estado viendo una serie de documentales emitidos por la BBC sobre la historia del rock, desde Jimi Hendrix hasta nuestros días. Los documentales no profundizan mucho en algunos aspectos por lo que deja de nombrar algunos grupos lo que puede resultar llamativo, es decir dejan fuera a Radiohead cuando hablan del indie británico de los 90. Pero creo que hacen un excelente trabajo de resumen histórico en un tema que, por desgracia, o haces de forma personal en tu casa o me dirás cómo. Somos uno de los pocos países europeos que no le damos la importancia a la música, tan poca que no está incluído en los planes de estudio aprender a tocar un instrumento o una simple historia de la música en el s. XX, como correspondería a una de las artes que han marcado más el siglo, como forma de mostrar nuestra sociedad, de denuncia o como mero negocio, tal y como podemos decir del cine, por ejemplo.
Muchos somos los que nos hemos enganchado a la serie, por la historia, los personajes o los efectos especiales, o porque la ciencia-ficción está de moda.