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14 de agosto de 2007

10/08/07: Feria de Málaga

Me gusta conducir, pero mejor sola, claro. Las probabilidades de encontrarte energúmenos propensos a ser donantes de órganos aumentan con el aumento del tráfico. Por eso me gusta la campaña publicitaria de la D.G.T. que hay ahora en televisión: la que focaliza la distancia, o la falta de, de seguridad como forma de provocar un accidente. El sábado pasado a la altura de Alicante, un gilipollas comenzó a comerme el culo. Y el caso es que el tráfico era denso, por lo que cederle el paso era realmente complicado, implicaba decelerar y esperar a que alguien me cediese un hueco para meterme en la derecha. A la velocidad que iba, 120 km, adelantaba sin ningún problema a los coches de mi carril derecho, función establecida en el carril por el que conducía. El impresentable de detrás decidió pasar al carril derecho e intentar adelantarme por la derecha. No sólo está prohibido, sino que me obligó a dar un frenazo y dejarle pasar, ya que su ostentoso Hammer me hubiese destrozado. En realidad, y tal y como dice mi querido Reverte, el pobre se matará en la siguiente curva. Lo único que espero es que no me lleve a mí.
Pero ese comienzo de viaje no me desilusionó en absoluto. Sabía a dónde me dirigía y lo que me esperaba. Y así fue. Málaga no será la ciudad más bonita, pero sin duda es una de mis favoritas: según aparqué la lado de la Plaza de la Merced y salí del coche con mi ropa arrugada y mal oliente un par de chavales se me quedaron mirando, uno le dio un codazo al otro y le dijo, no precisamente entre susurros, “está buena”. Claro que no pude evitar sonreír. La escena se remató cuando me gritaron “¡Guapa!” desde el otro lado de la calle y yo no pude contener una carcajada y un muy educado “Gracias”. Esta ciudad es así: alegre, divertida, hospitalaria, sencilla.
Y lo malo es que todo ello es adictivo. Estoy deseando volver.

29 de julio de 2007

De camino a Madrid

Un Alicante Madrid en coche puede ser uno de los viajes más aburridos del mundo. Autopista, autopista, peaje, baches en Castilla La Mancha, unos cuantos camiones y un paisaje duro, de matorral y roca en este verano caluroso. Pero puede ocurrir que quieras apurar el depósito antes de echar gasolina por aquello de que paga la empresa, mejor llenarlo. Puede ocurrir que te aventures por una salida de gasolinera y no aparezca nunca la gasolinera, pero sí una posta del siglo XVII, preciosa, una carretera entre montañas, llena de vegetación, y que a eso de las tres de la mañana se te cruce un ciervo, (¡un ciervo en el siglo XXI!, y yo que les había estinguido en mi imaginación), una ardilla roja, un de gato solitario, una mujer vestida de negro, con el pelo cano, paseando una cosa peluda y negra, una bruja, pensé, y yo con las largas, como para no verme, en mi Golf negro. No sé si me llegó a mirar, pero lo pareció. Desde luego no hace falta un cuento de hadas paa sentirse una princesa en apuros. Y el príncipe sigue sin aparecer, menos mal que en el siglo XXI las princesas nos conducimos solas.
Y a las pocas horas estaba divina trabajando en Boss.