Pintors Universals: Jan Davidz de Jeem
Hace 2 años
Divertida historia de cómo empezaron las radio-fórmulas: esas cadenas que no paran de poner música y anuncios. Aunque más que divertida cabría decir infantil, donde los buenos son unos rebeldes casi altruistas y el malo lleva un bigote a lo Hitler. Lo mejor, su banda sonora; lo peor, su falta de guión.
Si hay películas en las que ciertos aromas cautivadores parece que entran por la pantalla, en esta el olor a mierda es evidente. Con una estética feista, seca y deprimente, la película nos cuenta la historia de un personaje gris, que va asumiendo el infierno en el que se ha convertido su vida, perfectamente resumida por él mismo en la escena de la cocina: un pobre diablo que se dedica a la compra-venta de objetos, insensible, para hacer de este negocio basado en la necesidad ajena algo rentable, frío, cínico, incapaz de ver a las personas como tales, si no como objetos que poder comprar, en una degeneración tal que termina por poder "comprar" un culo.
La cloaca funciona a la perfeción como símbolo de todo esto: él está obsesionado con que la gente que entra a su despacho sepa que el olor putrefacto no proviene de él sino del baño, pero es obvio, y un cliente se lo hace notar, la mierda del baño sale de él, el olor es suyo. Intenta taparlo por sus propios medios, maquillando el problema, pero el problema crece hasta que se hace insostenible. Al final lo manda reparar, pero él mismo vuelve a abrir el conducto por el que sale el desagradable olor a mierda. Impresionante el final en el que el tipo busca el agujero a rastras, lo último que desea hacer en esta vida es seguir teniendo ese olor en la nariz.
Y entre todo este olor a mierda aparecen un elenco de secundarios cada cual más curioso, los que hacen que la acción avance, provocando escenas surrealistas, desconcertantes.
A pasado por Cannes la nueva película de este director, À deriva, a ver si la consigo.
Biopic sobre uno de los iconos del rap en los últimos años. Dos discos, a lo Joy Division. La película nos presenta un perfil muy bonachón de lo que debió ser en realidad: un buen chico, metido en tráfico de drogas pero que en realidad quiere cambiar el mundo con su música. La historia está bien contada, ascenso y caída del héroe, y desde luego para los amantes de la música, sin importar estilo, es imprescindible: en la lista junto con Ray, Cadillac Records, Stoned, Control, Grat Ball of Fire, 24 Hours Party People, The Doors, y demás películas sobre la fascinación que nos supone esos extraños personajes que se dedican a la música.
Enésimo biopic con la excusa de un crack de la música. Lástima que resulte tan soso. La historia de Brian Jones se centra en las circunstancias de su muerte, sin contarnos la historia de los Stones, ni sus relaciones personales más allá de que su adicción a las drogas le dejó sin componer, sin la chicha y que fue expulsado del grupo poco antes de su muerte. Un videoclip de relleno y un par de frases a destacar y el resto resulta anodino.
La típica pregunta que se le hace a un adicto; lo mejor, su sonrisa
El cine brasileño, como la publicidad, destaca por su calidad. Con su primer largo Marcos Jorge gana un premio en la Semici de Valladolid. Quizá sea un premio con menos prestigio pero me parece mejor película que algunas que han triunfado en Cannes.
Nuestro protagonista llega a Sao Paulo como un recién nacido y poco a poco va aprendiendo cómo funcionan las jerarquías en la vida: en la cocina, en la cama y en la cárcel. Al final no va a ser tan tonto como parece, porque la lógica se impone. Poder, sexo y gastronomía me llevan, inevitablemente a recordar una gran pelícual, de Greenaway, que me marcó cuando la ví, allá por el 89:
Los tres monos: ver, oír y callar. No es difícil imaginar qué historia nos van a contar, una historia de vencidos, o de perdedores, o de antihéroes. Una familia cuyos miembros se traicionan así mismo dejándose llevar a la deriva, asumiendo pasivamente lo que hay. El padre acepta un dinero por ir a la cárcel asumiendo un delito de su jefe; la madre deja a su hijo que llegue ensangrentado a casa sin preguntar; el hijo deja que la madre tenga un amante a cambio del dinero para un coche; el marido aparta la vista cuando su esposa tiene un amante. Entonces el hijo toma una decisión, por fin, y el padre pide a otro, aún más desgraciado, que asuma la culpa, como en la fábula de Samaniego. El director opta por unas tomas preciosistas, grandes planos con el mar de fondo, primeros planos de actores con pasiones contenidas, colores apagados, en una estructura en tres piezas, siguiendo a cada uno de los personajes como si de historias separadas o fragmentadas se tratara.